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733107/10/2013

Copias originales de las obras Sahih al-Bujari y Sahih Muslim, y su autenticidad

Pregunta: 193912

He discutido con algunos duodecimanos que siembran dudas sobre la autenticidad de las obras Sahih al-Bujari y Sahih Muslim. Su principal argumento es que no hay copias originales de estos dos documentos por la manos de sus autores (que Allah tenga misericordia de ellos). El segundo argumento es que algunos de los comentaristas de la obra de al-Bujari discutieron el significado de algunos reportes que ya no pueden encontrarse en esa obra. Ojalá pueda usted darme una respuesta completa sobre este asunto.

Alabado sea Dios, y paz y bendiciones sobre el Mensajero de Dios y su familia.

Una de las cosas más
importantes que el musulmán educado debe comprender, o el musulmán que está
familiarizado con el legado clásico como con muchos otros asuntos del
conocimiento moderno, es que es muy fácil agitar dudas, y que esto es algo
que cualquiera puede hacer incluso sin tener conocimiento alguno del tópico
que se está tratando, incluso sobre asuntos básicos del sentido común que
están establecidos sobre bases racionales. Esto de sembrar dudas y sospechas
sobre casi cualquier asunto puede llegar tan lejos que algunas de las
personas que lo hacen pueden llegar hasta a poner en duda su propia
existencia, dudar de la existencia de todo acerca de ellas, de todo lo que
tienen alrededor, lo cual no haría más que ganarles una admisión en un
hospital de salud mental.

Esto es algo que tenemos
que tener en cuenta al tratar con muchas de las dudas que son en realidad
argumentos capciosos, nada más que ilusiones pronunciadas por gente con
rivalidades políticas que defiende puntos de vista parciales contra toda
evidencia.

El lado positivo de todo
esto es que siempre nos empuja a comenzar desde el principio revisando los
fundamentos racionales establecidos de los distintos campos del conocimiento
y la educación. Lo que has mencionado en tu pregunta es un excelente ejemplo
de esto. Si lo que la persona con quien conversaste quiso decir por ‘copias
originales’ es un manuscrito escrito por la misma mano de su autor, entonces
de acuerdo a este razonamiento y con esta lógica podríamos decir que debería
existir el manuscrito original para que aceptemos que una obra en particular
debe ser correctamente atribuida a su autor. La pregunta es ¿cuántas de las
obras que existen en la historia de la humanidad, aun aquellas cuya
autenticidad ha sido corroborada mediante abundante investigación
historiológica pueden reunir esta condición?

Para comprender un poco
cuán irracional sería estipular esta condición todo lo que debemos hacer es
imaginar que ingresamos en una gran biblioteca o en una casa editorial bien
conocida internacionalmente, y le decimos a la persona que está a cargo: “Yo
no aceptaré que ninguno de los libros que usted tiene aquí ha sido escrito
realmente por las personas que aparecen como sus autores hasta que me dé el
manuscrito original escrito por el autor mismo para que yo pueda estar
seguro de que no me están engañando”. Hacer esto sería ignorar todas las
normas y requisitos legales y académicos de la industria editorial y de la
historiología a lo largo de la historia, que son las que verdaderamente
buscan garantizar la autenticidad de las obras y la correcta atribución a
sus autores, como por ejemplo los requerimientos para registrar libros en la
Biblioteca Nacional, la obtención de permisos para los publicadores,
proveyendo evidencia para tal efecto, y otros protocolos y formalidades
académicas que son requeridas en este campo.

Sabemos que muchas de
las personas que siembran estas dudas y argumentos capciosos acerca de casi
cualquier asunto saben o intuyen en lo profundo de sus mentes cuán tontas
son las ideas que están sugiriendo, pero persisten en ellas porque piensan
que pueden encandilar a los demás con argumentos tan vanos y precarios y que
de esta forma podrán convencer a los demás de que sus ideas son correctas.
Por eso, cualquier resultado que obtengan tales personas será suficiente
para ellos, aun si solamente logran confundir a la gente. Lo que importa
para estas personas es embarrar la cancha y confundir a sus adversarios en
un debate, aunque eso implique poner en duda cosas bien establecidas por el
sentido común.

Sin embargo,
explicaremos brevemente la historia de estas obras.

La obra de Sahih
al-Bujari fue estudiada y memorizada por aproximadamente 90.000 personas
desde que fue compilada por el imam al-Bujari mismo (que Allah tenga
misericordia de él) como afirmó uno de sus estudiantes más conocidos,
Muhámmad Ibn Yusuf al-Farbari (fallecido en el 320 después de la
Emigración). Ver: Tarij Bagdad, 2/9; Tarij al-Islam, 7/375. Las narraciones
de al-Farbari sobre la obra de Sahih al-Bujari fueron muy famosas porque él
vivió por largo tiempo y fue muy preciso en las copias que hacía. Él estudió
esta obra con al-Bujari durante más de 3 años, y luego muchos narradores
conocidos por su confiabilidad aprendieron esta obra de él, a través de los
cuales el libro se hizo famoso.

Al-Mustamli (fallecido
en el 376 después de la Emigración), uno de estos narradores que
transmitieron el libro de Muhámmad Ibn Yusuf al-Farbari, dijo: “Yo copié el
libro de al-Bujari de su texto original que estaba en posesión de Ibn Yusuf,
y vi que él no lo había completado todavía; había todavía muchas páginas en
blanco allí, incluyendo algunas cadenas de transmisión para las cuales él no
había escrito ningún reporte, y algunos reportes para los cuales no había
escrito ninguna cadena de transmisión. Entonces, nosotros intentamos
completar eso”. Fin de la cita. Narrado por al-Bayi en la obra At-Ta’dil wa
at-Tachrih, 1/310.

La obra Sahih al-Bujari
fue narrada de al-Farbari por muchos narradores conocidos, entre los cuales
los más famosos fueron los siguientes:

Al-Mustamli (fallecido
en el 376 después de la Emigración), cuyo nombre era Ibrahím Ibn Áhmad.

Al-Hamawi Jatib Sarjás
(fallecido en el 381 después de la Emigración), cuyo nombre era ‘Abdullah
Ibn Áhmad.

Abu al-Hayzam
al-Kashmihani (fallecido en el 389 después de la Emigración), cuyo nombre
era Muhámmad Ibn Makki.

Abu ‘Ali ash-Shabwi,
cuyo nombre era Muhámmad Ibn ‘Umar.

Ibn as-Sakán al-Bazzaz
(fallecido en el 353 después de la Emigración), cuyo nombre era Sa’id Ibn
‘Uzmán.

Abu Zaid al-Mirwazi
(fallecido en el 371 después de la Emigración), cuyo nombre era Muhámmad Ibn
Áhmad.

Abu Áhmad al-Yarchani
(fallecido en el 373 después de la Emigración), cuyo nombre fue Muhámmad Ibn
Muhámmad.

Entre los estudiantes
bien conocidos de al-Bujari que oyeron y registraron las compilaciones
directamente de él para luego transmitirlas a la gente y a otros eruditos
con sus cadenas de transmisión completas y consignadas por escrito, estuvo
el imam, memorizador del Corán, juez y gran jurista Isjaq Ibrahím Ibn Ma’qil
Ibn al-Hachach an-Nasafi (fallecido en el 295 después de la Emigración). La
copia de an-Nasafi nos llegó preservada por el imam al-Jattabi (que Allah
tenga misericordia con ambos), como él dijo en su comentario A’lam al-Hadiz
(1/105): “Conocimos la mayor parte de este libro por los reportes de Ibrahím
Ibn Ma’qil an-Nasafi. Jalaf Ibn Muhámmad al-Jaiam nos reportó que Ibrahím
Ibn Ma’qil se lo reportó”.

Este ha sido el método
más famoso y conocido a través del cual los eruditos de la ciencia de los
reportes transmitían sus obras: ellos leían la obra que habían compuesto sus
estudiantes, o sus estudiantes se las leían en voz alta y la revisaban
juntos. Luego estos libros se difundían y se volvían bien conocidos entre
los eruditos, estudiantes y narradores, no a través de un manuscrito
original escrito de puño y letra por el autor, que habría sido solo una
copia más que el autor guardaba para sí mismo. No existían las imprentas ni
las casas editoriales en aquella época; en lugar de eso, lo que había era
una continua revisión y consenso de las narraciones memorizadas por toda la
comunidad de eruditos, junto con sus cadenas de transmisión.

¿Qué podría hallar un
auténtico investigador, que fuera más auténtico que la transmisión
mancomunada de una multitud de narradores cuyas vidas y obras eran
conocidas, y que habían tenido acceso a la obra del autor mismo consignada
por escrito pues habían tenido la oportunidad de revisarla y corregirla
junto con él? Estos narradores dijeron acerca de la copia de as-Saganni: “Es
copia fiel del manuscrito leído por el autor (que Allah tenga misericordia
de él)”. Ver: Faid al-Bari, por al-Kashmiri.

Si quieres saber cuán
antiguos son los manuscritos que existen todavía hoy en día, el orientalista
Manchana dijo en la Universidad de Cambridge en 1936 que el manuscrito más
antiguo con el que él se había topado hasta ese momento había sido escrito
en el 370 después de la Emigración, de acuerdo a la narración de al-Mirwazi,
de al-Farbari. Ver: Tarij at-Turaz, por Fu’ad Sizkín (1/228).

Una de las copias más
famosas de este libro que ha llegado hasta nuestros tiempos modernos es la
copia de al-Hafiz Abu ‘Ali as-Sadafi (fallecido en el 514 después de la
Emigración), que él copió de la copia de Muhámmad Ibn ‘Ali Ibn Mahmud, que
fue leída por Abu Darr (que Allah tenga misericordia de ellos) y que
contenía también sus comentarios. Fue conservada por al-‘Allamah at-Tahir
Ibn ‘Ashur, que la tomó prestada de la Biblioteca de Tobruk en Libia.

Está también la copia
del imam y memorizador del Corán Sharaf ad-Din ‘Ali Ibn Áhmad al-Chunaini,
que es más conocido como al-Ba’li al-Hánbali (fallecido en el 701 después de
la Emigración). Él la contrastó con la copia original de al-Hafiz Abu Darr
al-Harawi, con la de al-Asili, con la de al-Hafiz Ibn ‘Asakir, y con la de
Abu al-Waqt, en presencia del gramático y lingüista Ibn Malik, el autor de
Al-Alfíyah (fallecido en el 672 después de la Emigración).

Si fuéramos a enlistar
las copias existentes de la obra Sahih al-Bujari en las bibliotecas del
mundo, cuán cercanas estaban ellas al tiempo en que el autor compiló la obra
original, el gran número de copistas y revisores que tuvo, sus biografías y
la confiabilidad y consenso que ellos alcanzaron, y los métodos estrictos
con los cuales ellos revisaron y contrastaron cada copia derivada con la
copia más antigua a la que tenían acceso, eso nos tomaría demasiado tiempo y
deberíamos escribir un libro. Es suficiente para cualquiera de nosotros
recurrir a una de las bibliotecas donde alguno de esos manuscritos se
preserva todavía y revisarlo, y encontraremos cientos de copias con cadenas
de transmisión autenticadas, y que todas se remontan de forma unánime y
coherente al imam Muhámmad al-Bujari.

Al-Fihris ash-Shamil
enumeró 2327 ubicaciones en varias librerías en las cuales había copias de
este libro. Ver: Al-Fihris ash-Shamil at-Turat al-‘Arabi al-Islami
al-Majtut, al-Hadiz an-Nabawiwa ‘Ulumuhu, 1/493-565.

Con respecto a la obra
Sahih Muslim, no es menos conocida ni menos difundida que la obra Sahih
al-Bujari, como Brockelmann dijo: “La obra Sahih Muslim es casi tan
abundante en las bibliotecas como Sahih al-Bujari en el número de copias
existentes”. Fin de la cita de La Historia de la Literatura Árabe, 3/180.

Contiene muchas cadenas
de transmisión que confirman que el libro está correctamente atribuido a su
autor. La cantidad de cadenas de transmisión existentes son incontables, a
tal punto que algunos eruditos escribieron algunos libros solamente para
discutir las cadenas de transmisión de Sahih Muslim, hay 8 de tales libros,
y uno de los últimos de ellos fue el libro de Al-Jattani (fallecido en el
1327 después de la Emigración), titulado Yuz Asanid Sahiah Muslim.

El shéij Mashhur Hasan
Salman dijo: “Un grupo de estudiantes aprendió este libro del imam Muslim.
Uno de los más famosos entre ellos fue Ibrahím Ibn Muhámmad Ibn Sufián. Él
estudió el libro con su autor no menos de 3 veces y comparó su copia con la
copia del autor mismo, su shéij Muslim. La copia de Muslim era muy preciosa
y querida para él; él la llevó consigo hasta Ar-Rai y la colocó ante Abu
Zur’ah ar-Razi e Ibn Warah, quienes la examinaron. Muchos eruditos la
estudiaron y copiaron directamente de Sufián, entre los cuales estuvo
Al-Jaludi. Su copia estuvo en circulación entre los estudiantes y algunos de
ellos hicieron copias de ella. Muchas de estas copias tenían un alto grado
de precisión, y fueron leídas y examinadas por prominentes eruditos y
contrastadas con otras copias más antiguas. Por lo tanto, los eruditos las
usaron como material de referencia para la investigación y la discusión
histórica y jurídica. Ellos solían remitirse a ellas cuando discutían
distintos tópicos y problemas de la ley. Hay muchas copias de la obra Sahih
Muslim en las bibliotecas a lo largo del mundo, difícilmente haya una
biblioteca que no lo contenga. Estas copias varían en las fechas en que
fueron realizadas y también en su estado y condición.

En la libraría de
Al-Qarawiyín en la ciudad de Fez, hasta hoy en día hay una copia muy
preciosa de Sahih Muslim, que es la copia de Ibn Jair al-Ishbili, que él la
contrastó muchas veces con otras copias, que él se la leyó a muchos shéijs y
eruditos y al cual le fueron leídas otras copias también a tal punto que se
considera la copia más importante existente del manuscrito de Sahih Muslim
en el norte de África. Escrito en ella por puño y letra de Ibn Jair hay una
nota que afirma que él la contrastó con otras 3 copias originales de
Al-Hafiz Abu ‘Ali al-Yiyani”. Fin de la cita del imam Muslim Ibn al-Hachach
wa Manhajuhu fi as-Sahih, 1/375-376.

Con respecto a lo que te
dijo esta persona de que “algunos de los comentaristas de Al-Bujari
discutieron el significado de algunos reportes que no figuran actualmente en
la obra de al-Bujari”, nosotros no hemos podido encontrar ni un solo ejemplo
de esto. Las diferencias en los reportes de Sahih al-Bujari fueron muy
escasas, casos menores que tenían que ver con las cadenas de transmisión o
con la redacción exacta de algunas frases en los reportes, o con el título
de algún capítulo. Pero sugerir que hubo algunos reportes que fueron
mencionados en algunas copias pero no en otras, es algo de lo cual no
pudimos encontrar ningún ejemplo.

Aun si asumiéramos que
existen, esto no es algo que podemos objetar ni encontrar extraño. Si los
narradores que nos remitieron los reportes del Profeta Muhámmad (que la paz
y las bendiciones de Allah sean con él) difirieron en sus relatos en algunas
ocasiones aun siendo testigos presenciales, narrando la misma historia con
una redacción determinada o a veces con otra, o algunos de sus compañeros
reportaron sucesos que unos recordaban y otros no, nada de todo esto socava
la autenticidad del ejemplo y las enseñanzas que nos han llegado a nosotros
hasta hoy en día provenientes del Profeta Muhámmad (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él), ni tampoco siembra dudas sobre la
honestidad de los narradores cuyas vidas y obras han sido estudiadas por los
compiladores de reportes. No sería nada extraño si hubiera ligeras
diferencias entre los narradores de las obras de eruditos posteriores, lo
cual no socavaría necesariamente la autenticidad de sus libros ni la
honestidad de su proceder.

Nosotros estamos
convencidos de que la razón por la cual algunas personas presentan estas
dudas y estas ideas equivocadas es la ignorancia extrema del legado clásico
islámico, además de una notable falta de conocimiento sobre la naturaleza de
la historia y de los registros históricos. De otra forma, quien tenga algún
conocimiento de estas ramas del conocimiento se dará cuenta que las
diferencias menores entre los reportes o manuscritos en las obras clásicas
son algo previsible y natural tomando en cuenta que en el pasado estas
copias se hacían a mano y que los medios de comunicación eran muy pero muy
simples, amén de que algunos copistas podían cometer errores, ser poco
precisos en aferrarse al texto original, etc. A menudo ellos ni siquiera
eran concientes de las alteraciones que el autor mismo había provocado en su
propio libro, lo cual podía conducir a la aparición de algunas diferencias
entre las copias, como sucedió en el caso de la obra Sunan at-Tirmidi, Sunan
Abu Dawud, Al-Muwatta’ del imam Malik, y el Musnad de Áhmad Ibn Hanbal.
Ciertamente esto sucedía más abundantemente en el caso de las obras previas
al advenimiento del Islam, cuando la historiología todavía no se había
desarrollado bajo la influencia de la imperiosa necesidad de conservar la
redacción y pronunciación exactas de la última Revelación, que fue el
Sagrado Corán. Tal es el ejemplo de la poesía árabe en los tiempos de la
ignorancia preislámica, de los libros de Platón, de Aristóteles y todo el
legado de la filosofía griega, y en el caso de la Torah o Pentateuco y del
Evangelio.

Esperamos que habiendo
proveído estos ejemplos los lectores queden alertados sobre la naturaleza
inconducente e irracional de estos argumentos capciosos y se den cuenta que
con un poco de experiencia y razonamiento podemos estar a salvo de estos
planteos inconsistentes.

Ver Riwayat wa Nusaj
al-Yami’ as-Sahih li al-Imam Abu ‘Abdullah Muhámmad Ibn Isma’il al-Bujari:
Dirasah wa Tahlil, por el Dr. Muhámmad Ibn ‘Abd al-Karim Ibn ‘Ubaid, que fue
de una gran utilidad para nosotros a la hora de preparar esta respuesta.

Y Allah sabe más.

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